Un intenso egoísmo protege contra la enfermedad, pero al fin y al cabo, hemos de comenzar a amar para no enfermar, y enfermamos en cuanto una prohibición interior o exterior, nos impide amar...("Introducción al narcisismo", Sigmund Freud.)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Diario de una Melómana: metáforas de una realidad... 1ª entrega.

Dia 1:
Me encanta lo desconocido, conforme me voy haciendo mayor me atrae más lo artístico, no conocía esa faceta de mi, pero la estoy experimentando bastante precozmente... No sé por que decantarme, hay tantas posibilidades en el mundo del arte que me asusta pensar tener que elegir algo definitivo para toda la vida, aunque tampoco quiero dar tumbos de un lado a otro...estoy decidida de que he de decantarme por la música...

Día 2:
Me siento tan feliz por haberla elegido, con ella soy libre, me gusta sentirla y preocuparme por tener mis oídos siempre ocupados... cada día es diferente, me transporta a otros lugares donde nunca había estado y me hace imaginar lo imaginable, creo no, estoy segura de que hice una buena elección.

Día 3:
Hoy he pensado en dedicarme a ella, me doy cuenta que soy dependiente, es como una adicción...no puedo pasar sin ella ni un solo día y me asusta...aunque tengo la seguridad de que no me dejará mientras yo siga buscándola. Sin darme cuenta me veo envuelta en una situación un tanto extraña, cuando me canta melodías de ensueño es como si flotara pero a la vez desaparece y me irrito hasta tal punto que no puedo sacarme de la cabeza ese canturreo. Me da miedo que no sea eterno...y a la vez temo esa eternidad.

Día 4:
Las cosas se están torciendo como de costumbre, no todo iba a ser un camino de rosas, la música ya no es cada día diferente, ya solo canta la misma canción, ya solo repite historias pasadas, ya no me aporta nuevas sensaciones de felicidad, al revés, me las arrebata con un simple pitido malsonante. Aun así, creo que son las fechas, o otro agente externo que pueda estar afectándole...ella no puede fallarme, y yo la necesito como a una droga.

Día 5:
Anoche, paseando por la Calle de la amargura encontré una cámara de fotos, esa cámara no era de nadie por lo que me la llevé a mi terreno, por un segundo estuve pensando si cogerla o no... tan sólo quitarme un auricular y escuchar ese medio silencio que me desahogó hizo que deseara apropiarme de ella. Al levantarme me puse a observarla sin ruidos de ningún tipo y he encontrado la paz en ella, la fotografía me ha envuelto y ahora no sé que hacer con la música...

Día 6:
La sensación que experimento es muy rara, quiero decantarme por la fotografía, me atrae bastante, es interesante y lo nuevo... pero no puedo despegar del todo con ella, la música sigue estando en mi cabeza y me siento mal por dejarla de lado, no se la forma de compaginar las dos...creo que es imposible. La música llega a cansarme a veces pero tiene un poder sobre mí sobrenatural, no me encuentro bien, creo que la necesito otra vez.

Día 7:
El síndrome de abstinencia va en aumento, por mucho que la sustituya con la fotografía existe algo en mi interior que me pide más y más, joder, es agobiante. He decidido ir hoy a la manifestación del 15M y hacer la mejor fotografía de mi carrera...estoy muy nerviosa, pero creo que puedo conseguirlo, además hoy dejaré mi mp3 en casa y no escucharé nada durante lo que queda de día para no distraer mi mente, aunque he de reconocer que hasta hace unos minutos estuve con ella...

Día 10:
Estos dos días atrás no he escrito porque he estado en el hospital. No me gusta recordarlo pero la "gran foto" se ha convertido en mi peor pesadilla. Iba ilusionada hasta los topes, nerviosa también, y no nos engañemos, no tenía ni puta idea de como enfocar la imagen que quería eternizar... Puse mi pie sobre esa escalera mecánica para alzarme y coger altura, cuando conseguí mantener por fin el equilibrio me puse en posición, y enfocando mi objetivo empecé a escuchar esa melodía, era como la del primer día, la música estaba haciendo otra vez de las suyas... No podía concentrarme, las manos me sudaban, las piernas temblorosas, no podía silenciarla.
Un acto reflejo en contra de esa sumisión me hizo perder el equilibrio tanto de mi cabeza como de mi cuerpo y resbalé, cayendo así en el vacío y por gracia divina mis dos tímpanos estallaron de dolor. Esa es la historia de como de un día para otro perdí mi sentido favorito y con ello la música ya no era una opción, sino algo prohibido, algo imposible de alcanzar...




Continuara...

6 comentarios: