De todas las cosas del mundo, unas dependen de nosotros y otras no. Dependen de nosotros nuestros juicios y opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones y nuestras aversiones; en una palabra, todos nuestros actos. Las que no dependen de nosotros son el cuerpo, los bienes materiales, la reputación, las dignidades y honores; en una palabra, todas aquellas cosas que no entran en el circulo de nuestros propios actos.
Las cosas que dependen de nosotros son libres por su misma naturaleza; nada puede detenerlas ni levantar ante ellas obstáculos. En cambio, las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, sujetas a mil contingencias e inconvenientes y extrañas por completo a nosotros.
No olvides, pues, que si tomas por libres las cosas que por naturaleza son esclavas, y por tuyas las que dependen de otros, no encontraras mas que obstáculos por doquier; te sentirás turbado y acongojado a cada paso y tu vida sera una continua lamentación contra los hombres y dioses...
Nuestro bien y nuestro mal no existen mas que en nuestra voluntad. (Epicteto, Máximas.)

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